La calidad del liderazgo depende de la comunicación

Si quiere ser un gran líder de su equipo, debe trabajar sobre su capacidad de comunicar de manera positiva y de inspirar a otros con cada palabra emitida.
Esta suele ser la comunicación de muchos gerentes y jefes:

“No está mal tu trabajo…”

“No tardaste mucho en llegar a un número normal de ventas…”

“No me puedo quejar de mi equipo…”

“No está nada mal para el poco tiempo que llevas trabajando…”

“En otros trabajos las cosas son peores que acá, no se quejen…”

“Espero que esta vez si nos vaya bien, una buena nos tiene que tocar…”

Tendemos a pensar que esta forma de comunicación es correcta, porque muchos la hemos aprendido de nuestros padres y nuestros jefes, pero si las observamos mejor veremos que según quién reciba la frase, puede destruir cualquier posibilidad de obtener resultados positivos.

El verdadero líder se comunica así con su gente:

“Tu trabajo está bien…”

“Lograste llegar a un número normal de ventas antes de tiempo…”

“Me siento contento con mi equipo…”

“Con el poco tiempo que llevas trabajando, has logrado mucho…”

“Enfoquémonos en lo bueno que tiene este trabajo…”

“Esta vez nos irá bien, seguro más adelante nos causará risa esta situación…”

El problema principal radica en que los jefes y gerentes sienten miedo de elogiar o hablar en positivo sobre el trabajo de sus liderados, porque tienen la idea de que, si lo hacen, estos les pueden exigir aumentos de sueldo, quedarse tranquilos o, como se dice, “durmiendo en los laureles”. Estos sentimientos son producto de la incapacidad de motivar, inspirar e influir sobre los integrantes del equipo.

Permitame que le cuente un cuento que muestra lo que le puede esperar si no se comunica positivamente:

Pascual era un gerente de ventas exitoso y reconocido por la empresa en la que trabajaba. Estaba orgulloso de sí mismo. Se jactaba de un pensamiento libre y sin prejuicios, con capacidad de crítica y objetividad. Decía a todos que odiaba a la gente falsa y que no dijera las cosas como son. Y se la pasaba diciendo que la motivación era una forma de mentirle a los incapaces. A los 40 años había conseguido una esposa bella y que aceptaba todo lo que él decía sin discutirle, una casa amplia y confortable y una apacible solvencia económica. En fin, tal como él decía, la vida “no lo trataba mal”

Cuando era niño en uno de sus cumpleaños recibió un espectacular regalo y, cuando todos los demás niños se acercaron para felicitarlo por lo que había recibido, él contestó: “NO ESTÁ MAL” ante la cara sorprendida de quienes lo darían todo por recibir ese mismo presente.

De joven, cuando volvió de salir con la más linda de la universidad, sus amigos le preguntaron: “¿Qué tal te fue?” y él respondió: “NO ME FUÉ TAN MAL”. Unos años más tarde se casaron.

Cuando un amigo le preguntó si le iba bien en el trabajo, el respondió “NO ME PUEDO QUEJAR” y unos años después fue elegido gerente.

Siempre que un empleado le presentaba un trabajo formidable, lo revisaba minuciosamente y respondía: “NO ESTÁ DEL TODO MAL, PERO SE PODRÍA HABER HECHO MEJOR”.

Si su esposa lo sorprendía con una exquisita comida, él la miraba y le decía: “NO ESTA NADA MAL, NO ES PARA EL APLAUSO… PERO TAMPOCO ERES CHEFF”.

Si sus hijos lograban algo en la vida, él sólo emitía un: “NO ESTA MAL PARA ALGUIEN DE TU EDAD Y EXPERIENCIA”

De viejo, cuando murió, los pocos que lo rodeaban se juntaron para decidir qué diría en su epitafio y decidieron poner:

AQUÍ YACE PASCUAL “SU VIDA NO ESTUVO MAL… Y SU MUERTE TAMPOCO”

Este cuento deja entender que somos lo que hablamos. Creo que como líderes debemos asumir la responsabilidad de lo que nos decimos y de lo que decimos a nuestros liderados.

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